Tiene ese cuerpo atlético y vivido, ni muy delgado ni pesado, el tipo que se mueve con naturalidad en la cama sin rigidez de actuación. Pelo rubio hasta los hombros, unos 30 o 40 años, tatuajes en nudillos y manos, recostada ligeramente sobre almohadas en una habitación sencilla con luz natural suave. Comienza despacio, frotándose los labios con una mano, luego dos, abriéndose bien para que veas todo. La cámara se mantiene firme, planos medios desde arriba, luego se acerca en primer plano cuando mete los dedos, curvándolos, girando con presión. Su expresión es concentrada, sin exagerar, como si realmente lo estuviera sintiendo. Todo parece íntimo, como si no debieras estar mirando, pero la cámara no se aparta — al final es un primer plano frontal, vista completa de su rajita mojada y dedos trabajando adentro.